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Aquellas canciones que escuchaba en mi pubertad me transmitían, a pesar de que en la mayoría no entendía la letra, sensaciones y emociones nuevas y vibrantes que me llegaban muy dentro; ¡con solo cuatro instrumentos y una o dos voces y en tan solo tres minutos de duración! la verdad es que no entendía como antes podía escuchar otras cosas tan... dejémoslo en efímeras. No me identificaba con los programas de las radios comerciales con pinchadiscos que se comportaban como “El Farolero” (del libro que ya he mencionado) que simplemente cumple órdenes sin preguntarse el porqué de encender y apagar el farol sin descanso... asumen su papel diciendo “las órdenes son las órdenes, y no hay nada que comprender”, supongo que me estaba haciendo mayor y empezaba a descubrirme a mi mismo a la vez que entendía libros como “Alicia en el país de las maravillas” demostrando que además del cuerpo me evolucionaba la mente a una velocidad que no podía asimilar, mientras leía las letras del “Boy” de U2 (primer CD que compré en mi vida ya que antes compraba vinilos) comprendía que eso que cantaban era lo que me estaba pasando a mi.

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